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Se acabó una etapa: adiós, SABEMOS


(10 / jul / 2017) - Este texto iba a comenzar con la cita de algún filósofo o pensador. Siempre luce bien. Pero es mejor ir directo al grano. Después de dos años y varios meses he puesto fin a mi etapa en SABEMOS.

Dos años sabiendo algunas cosas


(31 / mar / 2017) - Queda bastante lejos todo. Y eso que apenas han pasado dos años. Pero han sido intensos, muy intensos. Aunque después de un tiempo ejerciendo esto del periodismo, uno se da cuenta de que la tranquilidad en este sector es parte del pasado. O quizá nunca ha habido sosiego y calma en esta profesión. No lo sé.

¿Por qué no estalla la sociedad?


Se trata de la pregunta más repetida desde que empezó la crisis y el paro se convirtió en un fiel amigo. ¿Cómo es posible que habiendo zonas de España con un paro superior al 30% no haya un estallido social en la calle? Una de las justificaciones rápidas y directas apunta hacia la economía sumergida. Es decir, mucha gente hace trabajos y trabajillos sin ser afiliados a la Seguridad Social y tener ningún tipo de registro. Esa no es toda la realidad

No voy a dudar de que efectivamente eso sucede, pero hay otra explicación, que en mi ejemplo personal, así como en el de otras muchas personas que conozco, dan un verdadero sentido al contexto actual, aunque como pasa con muchas otras cosas, a veces no apetece contarlo. De hecho, esta situación, que podríamos venir a llamar “el ahorro temporal”, es la que hace que el país no estalle, al menos ahora, porque dentro de unos pocos años será cuando se viva el más absoluto caos, en caso de que la situación no tienda a una mejora progresiva. Pero vamos a desgranar por qué no se produce un estallido social.

Marca Personal, periodismo y la gran estafa


Tras el cese en la actividad impresa del diario La Gaceta, todos los fantasmas sobre la dura realidad del periodismo siguen golpeando sin inmutarse. Pese a que todos los meses decenas de periodistas se van a la calle, parece que cuando se producen en un medio mediático, y valga el juego de palabras, hay mayor trascendencia. Pero el asunto que quiero abordar tiene que ver con el camino de un periodista cuando es despedido, ¿qué hacer ahora?

Despropósitos para 2014


Se cierra un año, otro ya asoma, y ha llegado la hora de hacer balance y enmiendas para los nuevos 365 días que vienen. ¿Por qué de forma pública y visible en Internet y no como un ejercicio de introspección? Pues sinceramente, llevo con este Blog abierto desde el verano de 2010, y antes tuve otros, tanto de carácter personal, como de índole algo más profesional. Siempre abiertos, dialogantes, y dispuestos a mostrar lo que soy.

La España que nos espera o (tenemos)

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Desde hace bastante tiempo, y con la pesada e insistente propaganda que hace el Gobierno a cuenta de si ya hemos salido de la crisis, bromeo cuando hablo del asunto y sostengo que realmente el ejecutivo de Mariano Rajoy tiene toda la razón del mundo: “ya hemos salido de la crisis”. La gente, alarmada, me recrimina que cómo vamos haber salido de la crisis con más de un 25% de paro y un país en la ruina. 

Pues sí, hemos salido de la crisis, y lo que tenemos que afrontar de una vez es que durante los próximos 10 o 15 años las condiciones del mercado laboral, y en general de la sociedad, serán las que tenemos ahora. Para creer esto, o no, se pueden hacer dos cosas. Una, coger a pies juntillas los datos que proporciona el Gobierno y engañarse a uno mismo y creer que porque se vendan más tractores de color rojo a Ucrania nuestra macroeconomía ha mejorado; o dos, escuchar a la calle, prestar atención a la gente, y aislando los dramas personales que siempre puede haber, palpar esa realidad de amigos, familiares y allegados.

Suena, hijo de puta

Dicen, los que saben algo de la vida, que cuanto más deseas una cosa es probable que suceda lo contrario. Pues bien, desde hace algunas semanas, bueno, podemos decir incluso, meses, hay un deseo que mantengo intacto cuando abro los ojos cada mañana: que suene el móvil. 

De manera sistemática, casi inconsciente, mirar el móvil un par de veces por la mañana, viendo si mantiene la cobertura, es la monotonía de quien espera una llamada que nunca llega. Luego, por la tarde, vaya donde vaya, se convierte en la compañía más incómoda, pero a la vez más esperanzadora. Lo malo llega al final día, cuando uno es consciente de que las luces en las oficinas se van apagando y el teléfono no sonado en todo el día. 

Y así, es como un día tras otro el móvil no termina de producir ningún tipo de ruido. Si acaso, algún Whatsapp traspapelado que te dice mira esto, o esto otro. Pero siempre con la certeza de que la suerte te ha abandonado y será otra persona la que se lleve el premio. 

Incluso, en ese cúmulo de sensaciones que invaden a quien no sabe muy bien qué hacer cuando no hay nada que hacer, se llega a coger manía al móvil. Pobre, ¿qué culpa tendrá tan insignificante objeto? Pero la realidad es esa: si no suena, es culpa suya. 

Pero ahí no acaba todo. Pese a que día a día, y cuando el pesimismo es quien te da los "buenos días", nunca se pierde la esperanza de que un dichoso día termine sonando el polítono. Por ello, salir de casi con la batería a punto de acabarse se convierte en un trauma. ¿Y si justo me llaman ahora? 

Cada día estoy más seguro de que no tener empleo se parece mucho en una relación con una mujer. En este caso, se trata de esa llamada que nunca llega. La sensación de que al otro lado del teléfono hay alguien que te necesita pero se está pensando mucho en marcar tu número. En definitiva, a mi smartphone solo le puedo decir una cosa: suena, hijo de puta.

Llenar el depósito cuesta

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Parafraseando a aquel mítico entrenador del Real Madrid que decía algo así como "el martes hago 11 cambios, el jueves hago 4 cambios, y el sábado juegan mismos 11 cabrones que semana pasada", a nivel personal me pasa algo parecido, al menos en la inquietante situación de estar sin empleo. 

Y sobre esto, antes de hablar sobre esa evolución semanal, quiero precisar el importante matiz de "estar sin empleo", y "estar sin trabajo". Puede que para muchas personas signifiquen lo mismo, pero enraizando con lo que venía a contar, es la línea que separa la "vida y la muerte". "Estar sin empleo" significa no cobrar a final de mes, pero además, significa no tener vicio ni beneficio. Trabajar sin cobrar es de tontos, sí, de muy tontos, pero el problema es que si la cabeza no se llena de ilusiones, proyectos y metas que cumplir, como una bombilla con los filamentos desgastados, empieza a dar señales de que algo no va bien. 

Aquí es donde vengo a decir que cuesta llenar el depósito, y no solo el de gasolina, que también, sino el de las ilusiones por creer, por entusiasmarse, por mantener unas metas que alcanzar. 

Generalmente, los lunes, hago el visionado de cómo será la semana en 'SIN HORA de Cierre'. Qué se puede publicar, que no, lo que dará que hablar... También hago cábalas sobre qué escribiré en algún otro sitio en el que de vez en cuando juntos letras, y, por último, me hago el planning de los temas que estudiaré en mi curso de 'Marketing Digital'. 

Pues bien, el martes todavía se mantiene la ilusión. Uno es optimista, confía en que todo saldrá bien, que no estar parado supondrá una recompensa. Llega el miércoles, y aunque todavía no hay ningún correo que entusiasme, y ni mucho menos una llamada de teléfono que sobresalte, empiezas a tener que tirar de ti mismo. Es el momento de autoconvencerse de que las cosas van a cambiar, que ya falta poco para llegar a la meta invisible que no aparece nunca. 

Los problemas empiezan a llegar el jueves, cuando ves que solo queda una rallita en el depósito antes de que salten las alarmas. Lo que no has hecho, ya no lo haces. Piensas que total da la mismo, que ya llegará la semana que viene y el despertador sonará de nuevo a las 8 de la mañana cargado de una falsa sensación de trabajo. 

Por último, el viernes. Con la luz del depósito encendida, es síntoma de que algo no va bien. Ya no vale autoengañarse, las mentiras frente al espejo de "todo saldrá bien", se transforman en "todo es una mierda". El optimismo del lunes se transforma en una agonía que hay que saber masticar. No hay gasolina, pero pese a todo se debe pensar en llenar el depósito y seguir.

Buscando el optimismo perdido

Desde hace un par de años ya no me planteo nuevos propósitos en el comienzo de un nuevo día 1 de enero. Antes creía en ello, en la esperanza de enmendar los errores cometidos durante todo un año, hacer un borrón y generar nuevas expectativas e ilusiones. Pero tener la certeza de que el camino por el que vamos nada tiene que ver con el que teníamos en la cabeza, me hace pensar que lo mejor es ir día a día. 

Esto no quiere decir que no se tengan expectativas, proyectos, o toda clase de ideas que llevar a cabo, pero la edad, que uno ya va cogiendo años, te hacer tener en cuenta la frustración que provoca no conseguir los objetivos que se plantean. Por eso, insisto, lo mejor es mezclar las expectativas con la realidad. 

Y si no me marco una línea de propósitos para 2013, tampoco quiero hacer balance de 2012. Ha sido un año raro. En lo personal me ha ido bien, he ido madurando como persona y como animal de compañía, pero en el plano profesional ha sido un batacazo. 

Despedido de mi trabajo por el clásico ahorro de costes, y las pocas luces de un jefe cortoplacista, al empezar el verano, desde entonces todo ha sido un tanto extraño. Viendo de frente la mayor crisis del periodismo que ha tenido esta profesión, poco a poco uno intenta hacer frente a la nueva realidad y afrontar nuevos caminos. 

No rechazo ser periodista, de hecho es por lo que lucho cada mañana desde que me levanto, pero la realidad golpea de manera muy sincera, por lo que hay que escucharla y empezar a tomar decisiones. La primera ha sido ampliar el CV. ¿Más? Sí, no hay más remedio. Si con dos carreras y un Máster sigo sin dar el perfil, tendré que seguir preparándome para la pelea. Por ello estoy metido en el mundo del Marketing Digital y todos sus entornos comerciales. No sé ni cómo ni por dónde saldrá el experimento, pero no me voy a quedar de brazos cruzados. 

Mientras, sigo con 'SIN HORA de Cierre' intentando batallar en el mundo de la blogosfera, y pretendo que el buen trabajo que se hace tenga reconocimiento. 

En 2012 dejé de hablarme con gente, conocí a otra nueva, hice cosas que no me gustaron del todo, y algunas (pocas) de las que me siento satisfecho. Sería muy fácil decir que 2013 será distinto, que intentaré que todo cambie y bla, bla, bla... Como he dicho, quiero ir día a día, intentando convertir el pesimismo en esperanza, y sobre todo, seguir creciendo como persona y profesional.

No soy quisquilloso, pero quiero ser periodista

Cada vez que habla un político sube el pan. Ese pensamiento es muy extendido en el imaginario colectivo, aunque por desgracia, lo último que ha dicho la ministra de trabajo italiana sobre los jóvenes y su "quisquillosidad" a la hora de buscar empleo, está demasiado extendido en la sociedad. 

Hay gente, quizá demasiada, que al no verse envuelta en los reveses laborales cree que quien no trabaja es porque no quiere. Sí, lo digo en serio. No se trata de una minoría. Muchas personas, que como digo, viven al margen de los problemas reales, bien porque tienen trabajo, o porque se dejan cegar por su ideología, que de todo hay, los que estamos sin trabajo somos unos vagos que nos merecemos lo que nos pasa. 

De entrada diré que no comparto esa opinión ni con la señora ministra italiana, ni con nadie que crea que no se trabaja porque no se quiere. Ojo, no seré hipócrita. Soy consciente de que durante estos últimos años ha habido gente que ha gastado la prestación por desempleo sin la menor intención de buscar oficio. Supongo que serán una minoría, pero no hay que esconder que eso se ha estado haciendo. 

Ahora bien, de eso a extrapolar que las personas sin empleo no quieren trabajar, o son "quisquillosas", creo que hay un trecho bastante grande. Pero tampoco quiero ser cínico en este caso, hay algunas aclaraciones que se deben matizar. Por lo de no meter a todos en el mismo saco. 

Cuando finalice 2012 llevaré en situación de desempleo medio año. Bien, si me surgiera un trabajo "de cualquier cosa", debería empezar a plantearme la situación, mi entorno personal, etc, etc... Pero la realidad es que mi prioridad no es ser camarero en estos momentos, y eso no que no estoy cobrando "paro". Escojo esa profesión como otra cualquiera en la que no se requiera de algún tipo de especialización académica ni similar. A lo que me refiero es que he invertido mucho dinero y tiempo en formarme. En mi caso como periodista y profesional de la comunicación. Por lo tanto, disculpe señora ministra, pero quiero intentar agotar unas últimas balas antes de tirar todo ese dinero a la basura y dejar de lado dos titulaciones universitarias y un Máster, para producir en la economía nacional. 

Más de una vez he defendido que ya no existe eso de "trabajar de lo mío", sobre todo en la actual coyuntura, pero creo que hay que saber interpretar los tiempos, las formas y los modos. Como iba diciendo, si el mercado laboral en el sector que me "toca" no emerge, parece evidente que lo importante será trabajar y producir. No obstante, mi obligación, antes, será la de asegurarme de que no tengo la salida laboral en la que me he preparado e invertido. 

No soy "quisquilloso", lo que sucede es que quiero ser periodista. No a cualquier precio ni anteponiendo todo, pero sí con sentido común.

#nimileuristas, ni viendo la realidad

Compartir coche y casa, realquilar habitaciones, acumular cupones de descuento, recorrerse varios centros comerciales para hacer la compra semanal... Así empieza 'elpais.com' uno de los reportajes seriales (#nimeleuristas) más hipócritas que ha hecho.

Sin meterme en esos berenjenales, solo recordarles a los señores de Prisa que a mí me pagaban 350 euros por una jornada de 5 horas... Ya les vale ahora hablar de empleo precario.

No obstante el tema que quiero tratar es un poco espinoso porque puede ser malinterpretado. Si alguien se siente ofendido es porque lo que digo lo asimila como propio, y por lo tanto deberá saber si hace o no lo correcto. Antes de empezar a repasar algunos de los bochornosos videos que pretenden representar a miles de jóvenes, y no tan jóvenes, españoles, para empezar, la frase de arriba: "recorrerse varios centros comerciales para hacer la compra semanal". Terrible. ¿A dónde nos ha llevado el conformismo y la comidad que nos han brindado nuestros padres? Cuidado, que tengo que hacer un esfuerzo...

Y sin más, los videos. Siempre he dicho que "gracias" a políticos y empresarios de baja moral estamos como estamos, pero que hay un porcentaje de responsabilidad que debe asumir la ciudadanía y que no lo hace.

"Nunca he trabajado de lo mío"
Bueno, podía ser más grave, podría no haber trabajado. El problema es que la gente sigue sin asimilar que los tiempos que no empapan no son buenos, que "lo mío" no existe, y que donde haya trabajo, ahí se tiene que estar. Además, quiere emprender, más o menos, pero haciendo lo que sea, por qué, ¿miedo?, ¿falta de formación real para dedicarse a lo "suyo"? Entonces, por qué se queja.

"No tengo trabajo pero me hipoteco"
Realquilo una habitación y así me hipoteco. Pero no tengo trabajo. Aunque eso no es todo, la amiga continúa diciendo que solo trabajará de lo que sea su profesión. Aquí está el problema. No hablo de trabajar de "cualquier cosa" o aceptar lo que sea, ¿pero si quiero ser jugador del Real Madrid, no trabajaré de otra cosa?

"Tengo 24 años, recién licencidado y quiero ser Dios"
Otro de los mejores casos son los recién titulados. Además, reconoce que le falta seguir mejorando su formación. Ah, y terrible, a lo mejor tiene que buscarse la vida fuera de su entorno.

Uno que no come aceitunas
Es duro esforzarse en sacar una carrera, pero, ¿por qué todos tienen que tener titulación? Si te pagan bien cogiendo aceitunas, ¿por qué no sigues con ello?

Estos son algunos de los ejemplos de ese infame reportaje que nos ha colocado El País. No hago apología de nada, solo digo que demasiada gente sigue sin entender la situación. Bien porque no quiere, o porque no asimila que lo de tener "todo" ya se ha acabado.

Seguramente habrá muchos casos desaforunados entre la gran cantidad de españoles que no trabajan o lo hacen de manera precaria, pero también debemos ser concientes de que todo ha cambiado, y no lo queremos hacer.

Soy mileurista, trabajo en el mundo del periodismo y por eso no me hipoteco, porque sé que mañana puedo estar en la calle. Cobro lo que tengo que cobrar por trabajar en el sector servicios sin grandes implicaciones y requirimientos profesionales. Si estoy en la calle, me reformularé y trabajaré de más cosas que no sean "lo mío". No me agrada ni me gusta haber pasado seis años en la Universidad, tener dos carreras y un Máster para trabajar de Administrativo, pero asumo la realidad, me guste o no. Luego ya tengo la calle, este Blog, o lo que sea para alzar mi voz, pero mientras, soy responsable.

En serio, si alguien se ve identificado en esta serie de videos, yo no. Me suena a niños caprichosos que patalean porque no pueden ser ingenieros o astronautas. No sé si verdaderamente representan a los miles de jóvenes sin trabajo o con contratos pésimos. Quiero creer que no, que la gente tiene las miras más altas y comprende que no son buenos momentos para ser caprichosos. Que cada uno piense y haga lo que quiera, pero luego no lloremos.

LetsBonus y una mentira aumentada

Llevo poco en este mundo del periodismo. Hasta ahora no me había tenido que enfrentar directamente a un departamento de comunicación, los lectores y un conflicto “real”. Todo habían sido notas de prensa, convocatorias, desayunos… Nada que no pueda solventar un periodista medianamente capacitado.

Pero aquí, ante mí, LetsBonus. Un caso de supuesta estafa, una historia bien contada a través de un Blog, y el nuevo peligro de lo que es verdad y no en una sociedad que ha perdido el tiempo para comprobar las cosas.

A estas alturas de la película no sé si LetsBonus miente, miento yo, o todo el ruido que hay por las redes sociales tiene alguna validez. Desde subvenciones que parecen créditos y no vienen a cuento para el caso de los iPad 2, o al menos así lo leo yo en esta noticia, a maquillar cuentas de resultados, cuando la facturación se cierra en octubre, dicho desde la empresa.

No debo defender a LetsBonus porque, además de ser parte implicada, en este caso como transmisor de la información, hasta que no sepa toda la historia, poco puede decir.

Aunque lo que sí puedo hacer es darme cuenta del borreguismo incesante y galopante que parece no tener fin. Alguien en un Blog, y bajo un crédito de “Mi opinión”, suelta una serie de “verdades” a su parecer, y cientos de persona lo cogen a pies juntillas. No hace falta consultar otras fuentes o esperar a más, se juzga, se tuitea y punto.

Estos días ando leyendo un interesante libro de José Luis Orihuela. En el prólogo, el subdirector de ABC, Borja Bergareche, hace una reflexión muy acertada sobre la figura de los bloggers, los periodistas y la información. Lo cierto es que viene muy a cuento, porque en todo este lio de LetsBonus me doy cuenta del valor que se le da a los medios, y que dependiendo del mismo, se le puede dar más valor a la opinión de un usuario.

Sin duda, se trata de un ejemplo muy claro de lo que las empresas, pero no solo ellas, sino políticos, organizaciones, etc, etc, deben tener en cuenta. Los usuarios ya no solo se “fían” de los medios de comunicación. La conversación está en la Red, en toda la Red.

Yo he hablado con el responsable de comunicación de LetsBonus. Me ha contado unas cosas, pero la gente ha preferido fiarse de un Blog y ha tomado todo el pulso de la información de ahí. A estas alturas no sé qué hay de verdad en todo y que no, yo tengo mi parte de la historia y por la que apuesto. Por eso, quien crea que los Blogs tienen los días contados, se equivoca. Cuanta más información, mejor. Pero no es menos cierto que todo esto no tiene validez si no existe una masa crítica que sabe filtrar lo que lee.

Mirando lo absurdo

España, el país por excelencia del pan y el circo, tiene su máxima escenificación cuando los políticos se reunen en el Congreso de los Diputados y luego, los ciudadanos, en un ejercicio de reflexión, se unen para decir tonterías.

Del debate de investidura que llevará a Mariano Rajoy a la Moncloa, una de las cuestiones que más ha trascendido ha sido la eliminación de los puentes. Sí, y en cierto modo es normal. La gente pasa, o no entiende, que es peor, cómo está la economía y cómo se mueve. Por el contrario, sí entiende que le vayan a quitar un par de días libres al año.

Ahora, dejando al margen la hipocresía, y atendiendo a una generalidad laboral, ¿tanto se trabaja como para que sea tema nacional?

Que nadie me malinterprete. No digo que no se trabaje y que no haya gente muy currante. De hecho, paso esta patata caliente a los políticos, sindicatos y patronal, que son los que han mangoneado todo esto. Yo me refiero a la productividad real, esa que no se tiene a partir de las 18 horas de la tarde, pero que muchas empresas ceen tenerla.

¿Es necesario eliminar los puentes?, ¿no sería mejor revisar la productividad laboral en materia de horas trabajas, tiempo en el desplazamiento, ahorro energético?

De verdad, en una oficina, hacen falta tantas horas... Tiene sentido que alguien pierda 3 horas en el transporte público para un trabajo que puede hacer en casa... Todas estas cuestiones, que bien pueden valer un par de puentes, no se tienen en cuenta, y lo que no sé es por qué.

Bueno, sí. Por mentalidad. Esa mentalidad "calientasillas" que tan pocos beneficios genera. Yo he estado en varios lugares, y he conocido jefes que tienen obsesión por ver las oficinas llenas de gente, sin hacer nada, pero llenas de gente. Por lo tanto, de qué sirve quitar los puentes o suprimir días festivos. La realidad laboral debe ser la que prime.

La leve ingenuidad del ser

No sé muy bien qué escribir, aunque mejor dicho, no sé por qué escribo. O lo peor, no sé si podría hacer otras cosas en vez de perder el tiempo escribiendo.

Sea como sea, esta semana he tenido un pensamiento que viene a reafirmar por qué hago lo que hago, y cómo hacerlo mejor. El otro día, cuando me dirigía al trabajo, ese amado y odiado trabajo, me di cuenta de que puedo hacer mucho más de lo que hago. Y no solo eso, sino que puedo hacerlo mucho mejor de lo que lo hago.

Pero ahí no acaba todo. No solo puedo hacer más y mejor, sino que me apetece ser mejor, a nivel personal y profesional.

Repasando mi vida me he dado cuenta de una cosa: que siempre ha estado en mi mano la posibilidad de hacerlo mejor, pero siempre he tenido la excusa para no hacerlo. Recuerdo mi primera etapa jugando al fútbol, cuando tenía 13 y 14 años, una edad en la que uno ya sabe lo que hace. Pues bien, era reserva, apenas jugaba, pero me mostraba indolente, sin la necesidad de querer mejorar. Claro que me daba rabia no jugar más, porque sabía que podía hacerlo. Tenía una ventaja, y es que con 13 años ya tenía el cuerpo de uno de 18, y su fuerza, pero no lo supe aprovechar.

Después, cuando cambié de equipo empecé a jugar. Era una de las referencias, pero por vagueza, o simplemente no querer trabajar más, no terminé de dar la cara, hacerme mejor, hacer mejores a los que estaban cerca. Me limité a jugar siempre y hacerlo de forma correcta. Ya tenía 15 y 16 años. Podía haber trabajado mi cuerpo más. Haberme hecho más fuerte, más rápido, haber entrenado más. No, solo me limité a lo necesario.

Después llegaron los años académicos y los de elegir profesión. Yo quería ser periodista, pero como no supe estudiar lo suficiente durante el Bachillerato, ni prepararme a conciencia la Selectividad, tuve que conformarme con una nota muy mediocre que me llevó al mundo de la Biblioteconomía. Por suerte no me desagradó, incluso puedo decir que fue la mejor decisión, pero no era lo que yo quería.

Luego la Policía y el fracaso ante la Oposición, después el 2º Ciclo de Periodismo y mi conformidad... Nuevamente no me tomaba las cosas en serio. Tenía ante mí la carrera que siempre quise estudiar, y me dediqué a hacer lo mínimo y poco más.

Siempre lo mínimo, lo justo para salir del paso. Sin querer saber, siquiera, si podía haber hecho más o no. Luego el paso por todos los sitios de prácticas y becas con la pasividad de saber que no iba a seguir mucho tiempo, que solo era temporal. ¿Pero eso es excusa? Ahora creo que no. Sin implicación, sin ganas... Sin alma.

Y aquí me hallo ahora. Al frente de un diario digital, pequeñito, pero eso no importa, con la incipiente incertidumbre de que vuelvo a caer en la misma trampa. Es cierto que dedico muchas horas de trabajo, que estoy todo el día pensando en ello... Creo que no puedo hacer más, ¿pero realmente no puedo hacer más?

No quiero que dentro de unos años pueda -ni por un momento- volver a pensar que me quedé con algo, que no lo di todo. Así que intentaré seguir estudiando, aprendiendo, escuchando a los que más saben, durmiendo menos, trabajando más...

Volver a enamorarse

Ando un poco revuelto, en lo que respecta al ámbito personal y profesional, y lo que no sé es por qué vengo al Blog a contarlo. Supongo, y es solo una suposición, que al no ser un Blog temático, sino que versa sobre las nadedades que se me ocurren, puedo dispersar la mente en busca de cosas, en busca de mí mismo.

Desde que he visto lo del ERE en Público debo reconocer que no tengo muy buen cuerpo. No lo tengo por dos motivos, uno meramente personal, y es que cuando las barbas del vecino veas cortar... y otro, como ciuadadano que ve como un medio de comunicación se puede ir al garete, y eso siempre va en perjuicio de sociedad más democrática y de mayor calidad.

Además, he perdido la fe y la ilusión en lo que hago. Ya, no llevo ni dos años como periodista, y si ya la he perdido, mal vamos. Pero quizás se me han juntado varias cosas, proyectos y objetivos que no he sabido administrar ni cumplir.

En el ámbito amateur, ha sido un palo muy grande tener que abandonar 'shdL', sobre todo porque proyectaba sobre él un recorrido muy interesante en este mundillo de los blogs. Pero, a veces, las contingencias son las que mandan, y ante eso no se puede hacer nada. En cuanto al ámbito profesional, quizás no he sabido encarar los cambios de una nueva temporada, las expectativas que se deben generar, o vaya usted a saber qué; pero noto que falta la chispa, esa chispa que se produce cuando conoces a alguien por primera vez y sientes que nunca la volverás a tener, porque esa es la definitiva.

A fin de cuentas, el trabajo es como el amor. Hay que empezarlo con la sensación de que será el de toda la vida, el que cambie la de uno. A partir de ese momento, ya nada importará, podrás mirar otras cosas, pero con la mera curiosidad inocente de quien sabe que ya lo tiene todo. Por eso, si se pierde la chispa, se ha perdido todo.

Así pues, y ante el batiburrillo sensorial experimentado estos días, debo recobrar la chispa por mi trabajo. Pensar que será el de toda la vida. Darme cuenta de cuándo llevo razón, cuándo no, lo que hay que ceder en el camino para que todo cuadre, y seguir enamorado.

Por todo ello, como inicio, habrá que cambiar la música del móvil. Sí, bueno, cada cual tiene sus pequeñas manías. Para mí, los tonos del móvil simbolizan los estados de ánimo en cada momento. Así que ahora ha llegado de nuevo la hora de la 'Alegría'. Debe reconducir lo que pienso a la primera vez que me enamoré del periodismo, cuando creía que podía y debía ser periodista. Echar la vista atrás es un ejercicio muy sano.

La hora de trabajar

Pero no trabajar por trabajar, sino trabajar más que nunca. Con mayor productividad y mejor capacidad para adaptarse al cambio. Trabajar sin conformismos, trabajar para no solo conseguir los objetivos, sino superarlos. En definitiva, trabajar más, mejor y menos caro.

Las cosas han cambiado, y quien no lo quiera entender, o solo guste de irse a las plazas a patalear contra el suelo público, pidiendo a esos gestores -públicos- que le solucionen los problemas, mal vamos. No negaré, ni me voy a poner a discutir que gran parte del problema generado es por culpa de esos mandatarios públicos. Pero sea lo que sea, el mal ya está hecho, y ahora toca solucionarlo.

Como digo, no pienso gastar más tiempo en ver quién tiene la culpa y quién no. Solo pienso en levantarme, trabajar, y sentar las bases y tener los conocimientos para que no me vuelvan a engañar. Lo sé, soy un privilegiado porque tengo trabajo, pero creo que también soy un privilegiado por darme cuenta lo que cuesta mantenerlo.

Y más privilegiado soy toddavía cuando encima adoro mi trabajo. A dónde me lleva todo esto, a que no es tiempo de vaguear, racanear horas o pedir vacaciones.

Sí, los trabajadores tienen derechos, no debemos dejar que nadie nos pise, etc, etc... Pero todo eso lo dejo para cuando pueda tener tres entrevistas de trabajo en un mes, y no en un año. Ahora, por desgracia, hay que ser terriblemente pragmático. La situación está mal, insisto que no voy a buscar culpable, aunque sé quiénes son, por lo que hay que ponerse manos a la obra.

Si mi empleo me permite crecer en producitvidad con mi esfuerzo, porque voy hacer la mitad, si sé que mi empresa necesita que haga el doble. Ok, a lo mejor mañana me echan a la calle, pero, ¿y hasta entonces?, ¿voy a trabajar menos y peor por miedo a que me echen?

Sinceramente, monto en cólera con la gente, y sobre todo del gremio que ahora me ocupa, que vive mirando el reloj para ver la hora de salida, que intenta hacer lo menos posible, que deja que los demás piensen por él... No lo entiendo, sinceramente, no lo alcanzo a comprender. Como digo, si estuviéramos en unas fechas en las que se puede encontrar trabajo con facilidad, pero viendo como esta semana el diario Público hace un ERE que perjudica al 20% de la plantilla, se rumorea con un ERE al total de la plantilla de elEconomista, de verdad, que no sé en qué piensa la gente.

Cada uno que haga lo que quiera, pero por lo que a mí respecta, y aunque mañana mi jefe decidira prescindir de mí, voy a darlo todo. Lo mejor que sepa, no digo que sea el mejor periodista del mundo. Pero con trabajo, esfuerzo y sacrificio, intentaré hacerlo lo mejor posible.

Empieza del nuevo curso

El simbolismo de las fechas creo que tiene una importancia vital para las personas. Por ejemplo, si uno tiene pensado ponerse a dieta y empezar a preacticar más ejercicio, hacerlo un jueves es de locos. Lo suyo sería empezar el día 1 del mes siguiente, o como mínimo, un lunes. ¿Pero un jueves?, ¿o un final de mes?

Por ello, este 5 de septiembre marca, para casi todo el mundo, el inicio del nuevo curso laboral de esta temporada 2011/12. Pese a regirnos por el calendario gregoriano que nos sitúa como fin de año el 31 de diciembre, nosotros, al menos en este ruidoso país, hemos adoptado la transición entre agosto y septiembre como el inicio de todo.

Tradicionalmente daba comienzo el curso político, la "vuelta al cole", ese mencionado regreso al "curro". En definitiva, se creaba un clima de expectación y nerviosismo casi superior al que genera el día 1 de enero.

Por este motivo, y para autocreerme que este año será mejor, quiero arracarme una promesa personal desde este desamparado lugar.

Se trata de estupideces laborales, profesionales, personales, etc... Las típicas, vamos. Intentaré que se cumplan. Sobre todo mi idea-obsesión de situar, en la medida de lo posible, a 'dirigentesdigital.com' como un medio al que apetezca llegar para enterarse de las cosas de la economía y la actualidad. Tras el cierre de SHDC y 'shdL', ya no hay proyectos personales por ahí fuera. Así que todo será centrarse en este Blog y mi trabajo diario, que ya es bastante.

Más que nunca, SHDC

Tras unas semanas de ajetreo laboral en varias direcciones y pequeños flirteos con otros medios, he sacado dos conclusiones muy claras:

1. Tengo entre ceja y ceja posicionar a mi actual medio, Dirigentes Digital, en un prisma que pueda ser visto de lejos, aunque sé que será difícil.

2. 'Sin Hora de Cierre' es y será mi motor por el cual quiero ser periodista, y aunque nuestro umbral de lectores sea "normalito", no habrá ni un solo día en el que no tenga mis cinco sentidos en este todavía proyecto al que cada vez le falta menos para ser una realidad consolidada.

Supongo que la vida es cuestión de prioridades, y ahora mismo tengo abierto dos frentes que me realizan como persona y profesional del periodismo, así que mientras tenga fuerza y salud voy a pelear para que los dos "proyectos", tanto el que me da de comer, como el que me ilusiona puedan ser vistos de una manera respetable.

Venturas y desventuras, por Bilbo Bolson

En ocasiones, 56 horas pueden dar para mucho, lo difícil es resumirlas en un pequeño post, y lo imposible es hacer que todo eso resulte interesante a los demás. Por eso, no pretenderé contar más allá de lo general de cómo ha sido mi contacto con el surrealismo durante los últimos tres días.

Todo empezó el lunes de esta semana, y ha acabado a las 15.00 de la tarde de hoy miércoles, cuando he regresado a casa con la sensación de haber vivido una experiencia de esas que uno denomina "sacadas de la realidad".

Como ya digo, no quiero aburrir al personal. Todo ha sido en el transcurso del 'III Encuentro de Directivos CEDE' celebrado en Girona, y que tan gustosamente fui a cubrir para el glorioso medio en el que trabajo.

Todo eso estaría dentro de lo normal, pero ver un Barça-Madrid rodeado de decenas de culés, llevar un portátil sin cargador, tener apalabrada una entrevista con una empresaria que ha cesado en su cargo, perder el autobús que te lleva a coger el avión, tomar un taxi que circula a 160 km/h en la densa niebla de Barcelona, perder el avión, terminar en un hotel viendo 'Física o Química'... hace que la normalidad se vaya de paseo.

No sé si todos los trabajos de "negocios" son iguales, pero una cosa tengo clara, si son así, ahora entiendo el estrés de la sociedad.

Las cosas del periodismo

Lo tengo claro, pese a que el periodismo se encuentra laboralmente dentro de las denostadas cuatro 'p' profesionales (políticos, policias, putas y periodistas), cada día estoy más seguro de que adoro mi profesión y a lo que me dedico.

Este arranque eufórico viene a cuento de que esta mañana he podido asistir, gracias a que soy periodista, a la conferencia que ha ofrecido en Madrid el peculiar Leopoldo Abadía. Allí, junto a un puñado de gente que no paraba de reir, he hecho cálculo de los actos y eventos a los que he podido asistir y cubrir siendo periodista. Pensando, incluso, en los que me faltan, como el viaje de la semana que viene a Gerona.

Por eso, a veces me gustaría retorcer del pescuezo a quienes habiendo llegado a conseguir ser periodista se dedican a malmeter, criticar, lloriquear, hacer el moña... y muchas más soplapolleces de una manera sistemática.

Creo que es la profesión más bonita de mundo. Considerarse intérprete de la realidad. Ver algo, interiorizarlo, comprenderlo, estructurarlo y contarlo al mundo.

Y encima, como añadido, poder conocer gente, enfrentarte a situaciones interesantes, hacer entrevistas a personajes de todo tipo o conocer otros lugares. Vamos, creo que la profesión perfecta.

Con todo esto, es cierto, no debo ser cínico. Por desgracia el periodismo se encuentra, profesionalmente, en un estado delicado. La crisis ha afectado al sector dejando los salarios en algo ridículo, y las condiciones, en ocasiones, en deprimentes.

Pero bueno, será porque llevo poco tiempo, o porque soy un optimista indomable, pero tener un momento como aquel que tuve con Toni Segarra, mejor creativo publicitario de este país, en la plaza de la Catedral de Murcia, o como el que he tenido esta mañana en la conferencia de Leopoldo Ababadía, son los que de momento me hacen sentirme en paz con esta profesión.
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