‘The Good Fight’: hacer o no hacer

(4 / abr / 2021) – La secuela de ‘The Good Wife’, que mantiene a algunos protagonistas, está disponible en varias plataformas, Movistar+ y Prime Video, entre otras. Completa o por la tercera temporada, depende. En todo caso, aquí hemos venido para hablar de esta pedazo de serie que, en un momento donde hay que elegir cara o cruz (aunque produzca pereza), gana mucho peso gracias a su realismo extremo.

Un realismo -hay que dejarlo muy claro- que está de parte. La serie abre su trama sobre un bufete de abogados racializado, de corte social y un posicionamiento ideológico concreto. Además, según avanzan las temporadas la politización de los temas es mucho más sesgada.

No sé hasta qué punto es una buena estrategia para un contenido comercial de masas, pero es la que ellos han elegido. De hecho, y citando a otra serie, en concreto el discurso de la abuela de ‘Years and Years’, “si no somos parte de la solución, entonces somos el problema”.

The Good Fight’ se ha posicionado. Y no lo ha hecho para explicar nuestro contexto, como decía El País en un artículo: ‘La aclamada serie que explica a tiempo real y sin reparos lo que está pasando en el mundo’. Explica el mundo desde un prisma. Supuestamente el de los “buenos”. Pero dejemos de ser ingenuos, aquí no hay ni buenos ni malos… o sí.

ESENCIA DE POLARIZACIÓN

La serie parte de una premisa muy básica: no se puede ser neutral. Hacerlo es conceder al “rival” la capacidad de difundir su mensaje como el “oficial”. Y sí, abuso de las comillas, pero es que yo sí creo en los grises y los matices. O al menos espero que no desaparezcan, y esos palitos que arropan a las palabras consiguen ese “digo esto, pero no del todo”, tú ya sabes...

Vivimos un momento de confusión, pese a la claridad que arrojan muchos discursos. Esta serie lo hace, de hecho. Embotella mensajes y los ahoga en superioridad moral. La suya. Señala la línea que divide a los buenos hombres de las malas mujeres, y viceversa.

Empezó como una serie de abogados. Mutó a una con discursos sociales de actualidad; y terminó representando una caricatura política de Estados Unidos. Pero que no engañe el latente pesimismo de mis palabras, se trata de un producto muy bien montado, con una estética cuidada y unas actuaciones bien trabajadas.

En todo caso, esta serie se puede ver de dos maneras: como un producto de consumo, lo tragas, y listo. O como ese momento donde piensas hasta qué punto podemos hacer algo…

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