(3 / ago / 2021) - Dar las gracias genera un recorrido en dos direcciones. En este caso, es probable que Pau Gasol no sepa de mi agradecimiento. No pasa nada. Tampoco se enterarán los 'junior de oro', Calderón, Garbajosa, Carlitos Jiménez, Mumbrú, Marc, Rudy, Ricky, Chacho, Lull... y tantos otros que han sido una familia prestada durante muchos veranos. Demasiados como para no tener nostalgia hoy mismo.
Llegará el relevo. La vida seguirá, pero lo hará -como decía el maestro- como las cosas que no tienen mucho sentido. ¡Dos putas décadas! Para quienes solo coqueteamos con la cuarentena es la mitad de nuestra vida. Decenas de veranos gastados en verles jugar. Años de primeras veces. De malas experiencias vitales, de cambios de trabajo, de casa, de amigos... y cada verano, en lo más profundo de cualquier agosto, siempre estaban ellos.
Solo queda dar las gracias. No hay palabras para definir la sensación. La de estos momentos, tras una eliminación en unos JJOO; y la que vendrá tras el silencio de su adiós. La primera será fácil de superar. El veneno del baloncesto te empuja a ver las semis, ver quién gana el torneo; y será sencillo. Lo jodido vendrá después, con la otra sensación. Tras saber que hoy salen del barco los hermanos Gasol, que Chacho, Rudy y Llull peinan canas; y que nuestro Ricky se ha hecho igual de mayor que nosotros. Eso sí que da miedo.
Por todo eso, hay que insistir: GRACIAS. Lo que llegará después nos empujará, más si a cabe, a entender lo que han hecho estos cabrones durante 20 años. Han sabido jugar con nuestra paciencia, colmarnos de oros cuando ha sido necesario. Tuvimos a grandes Team USA contra las cuerdas. Doblegamos gigantes argentinos y griegos; y siempre hubo un buen mandoble para el vecino francés. Sufrimos mucho, también. Les criticamos -con y sin razón-, a veces fuimos injustos. Pero a la familia no se le abandona.
Para siempre: GRACIAS.
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